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“Identificar claramente cuáles son los desafíos... ahí radica, precisamente, la importancia del Foro”. Entrevista a Leonardo Rossi

El periodista argentino Leonardo Rossi estuvo en Bolivia el pasado septiembre para participar en el III Foro Internacional Andino Amazónico de Desarrollo Rural que se realizó en la ciudad de La Paz. Su ponencia Las voces silenciadas por el agronegocio: La resistencia en los pueblos fumigados de la Argentina brindó información de suma importancia sobre la realidad actual en relación a la agricultura en su país, haciendo énfasis en la problemática del extendido y elevado uso de agrotóxicos y sus consecuencias, mostrando ejemplos de concretos y acompañados de imágenes.

Rossi ha realizado varios trabajos periodísticos sobre temas ligados al extractivismo y el agronegocio, como los demontes, los desalojos y las consecuencias del cultivo de soja, entre otros. Durante su estadía en la ciudad, tuvimos la oportunidad de hacerle algunas preguntas respecto algunas temáticas de su especialidad en la entrevista presentada a continuación.

¿Cuál es el impacto de la ampliación de la frontera agrícola para el monocultivo de la soya en Argentina?

Las plantaciones de soya son un tema –si miramos en perspectiva histórica– bastante reciente porque los cultivos transgénicos que hoy dominan el escenario argentino ingresan el año 1996 pero se han expandido de forma notable en estos últimos 20 años.  Argentina tiene 20 millones de hectáreas cultivadas con soya sobre 33 millones de hectáreas sembradas que tiene el país en total, eso significa que 60% son monocultivos.  Con el paquete de semillas transgénicas, con la siembra directa que es parte de ese escenario técnico, tenemos una proliferación muy marcada del uso de agrotóxicos, ya  pasamos de 30 millones de litros por año a inicios de la década del 90 a más de 300 millones de litros anuales de agrotóxicos, según cifras que blanquean las empresas, no estamos contando el mercado negro que sabemos que también existe.  Eso significa  un aumento de más del 800% de agroquímicos en 20 años, lo que provoca múltiples problemas sanitarios en las zonas agrícolas del país.  Aumentan las tasas de cáncer y de malformaciones, los problemas respiratorios y los abortos espontáneos y, en ese escenario, distintos colectivos de médicos independientes comienzan a entender que había que comprometerse y estudiar qué es lo que estaba pasando en esos lugares.  Y distintos estudios empiezan a mostrar que hay un vínculo entre el uso de agroquímicos y estas enfermedades.  La lucha para revertir  este escenario es muy compleja porque, sin duda, la explotación de soya es uno de los pilares de la economía argentina y no forma parte del debate de las políticas de Estado dar marcha atrás o, al menos, empezar a encontrar otros caminos u otras alternativas ante el modelo agrícola.

¿Cuáles son los otros problemas asociados a la transformación de la agricultura?

Argentina tiene un cuadro de propiedad de la tierra muy complejo, el 2% de los propietarios controlan el 50% de la tierra, según datos del 2002.  Pero además, es difícil establecer quienes son los dueños de la tierra porque ha proliferado el modelo de asociacionesde siembra, asociaciones entre gente que no va al campo en todo el año pero tiene importantes inversiones con otros, justamente porque con la soya Argentina ha dejado de ser el granero del mundo, ha dejado de ser productor de alimentos para el mundo, y ha convertido su producción agropecuaria en un mero bien de exportación, un buen negocio para invertir y, en ese escenario, seguir desplazando a pueblos rurales enteros.

¿Ese cuadro no hace pensar en la posibilidad de otros caminos?

Uno  de los grandes discursos del agronegocio es que producimos alimentos para el mundo, el problema es que el mundo cada vez produce más alimentos y cada vez hay más gente con hambre, entonces es una falacia.  Argentina realmente produce alimentos para 200 millones de personas –vivimos 40 millones en el país– y no tiene problemas de producción de alimentos.  El problema que estamos teniendo actualmente y está en debate,  es la soberanía alimentaria: qué producimos, para quién y de qué manera, con qué actor social producimos alimentos. Hoy la tierra argentina está casi en su totalidad dedicada a la producción de granos con toda esta lógica empresarial, con escaso arraigo, con más de 800 conflictos por tierras en distintos lugares del país según datos conservados del propio Ministerio de Agricultura, pero donde el  debate sobre la soberanía alimentaria no está en el centro de la escena.  Argentina tiene la ventaja de contar con un territorio tan grande, con tanta producción, sería casi catastrófico que un día no tenga para comer, lo cual traslada el debate cada vez más adelante porque sobra alimentos pero el tema es qué estás comiendo, que estás consumiendo y para qué estás usando la tierra. Tal vez en otros países el debate es un poco más urgente porque los recursos son más escasos, Argentina con tanta tierra y con tantos alimentos  puede abastecerse y, a la vez hacerlo con este modelo exportador que nos está trayendo tantos problemas ambientales y sociales.

En ese contexto ¿cuál es el impacto que logran movimientos como Paren de Fumigarnos?

El impacto es importante y la lucha es importantísima en los territorios porque al fin de cuentas, caso por caso, están logrando frenar al agronegocio con las herramientas que tienen las organizaciones populares, algunas apostando a la acción directa, otras la vía judicial o a la vía  administrativa.  Hemos tenido un fallo histórico el año 2012 en la provincia de Córdova donde, por primera vez, se llevó a juicio a un productor agropecuario por fumigar y afectar a las personas, un precedente muy importante no sólo para Argentina sino para América Latina. Hace dos años –me emociona cuando lo cuento en otros lugares– una de las plantas más grandes de semillas, la empresa Monsanto de Malvinas Argentinas, fue por la voluntad de un pueblito de 8 mil habitantes que dijo que no iban a permitir  que esa empresa empiece a funcionar en su territorio.  La multinacional tiene su proyecto parado, se trata de la planta de acopio de semillas más grande del mundo, esa planta no empezó a funcionar por las luchas de las organizaciones sociales.  Esa lucha derivó en una causa judicial que frenó la obra, a los vecinos les costó mucho, los reprimieron cuatro veces, fueron brutalmente golpeados, pero hoy Monsanto no está funcionando en Malvinas argentinas  y ese es un logro de la gente.

¿Cuál es, a tu juicio, la importancia del Foro Internacional Andino Amazónico de Desarrollo Rural?

Es muy importante intercambiar con compañeros de otros países para ponernos al día respecto a lo que está ocurriendo en otros territorios, para compartir experiencias negativas y positivas, compartir lo bueno y lo malo y a partir de eso enriquecer el trabajo. Conocer la realidad de nuestros países nos permite trazar alianzas, coordinar acciones conjuntas, identificar claramente cuáles son los desafíos que tenemos por igual en varios países.  La propaganda suele perturbarnos y hacernos perder la perspectiva, en cambio, analizar las cosas en el terreno, directamente, nos organiza, nos fortalece y nos orienta respecto de los caminos a seguir.  Y ahí radica, precisamente, la importancia del Foro.