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Soberanía alimentaria, la solución

 

Según datos de la Fundación Heinrich Böll la red de campesinos a nivel mundial no solo provee de alimentos al 70% de la población, sino que también produce el 70% de alimentos en el mundo.

El estudio también afirma que la agricultura urbana es responsable del 15% de los alimentos consumidos en áreas urbanas, esto incluye el 34% de la carne y el 70% del huevo. Toda esta comida es producida con menos del 25% de los recursos, como ser agua, suelo y combustibles.

Los campesinos han cultivado 2.1 millones de variedades de plantas de las más de 7 mil especies de plantas domesticadas en el mundo, pero más importante todavía es que los campesinos a menudo cruzan entre 50 mil y 60 mil variedades silvestres de los cultivos sin precio alguno, con un valor estimado en 196 mil millones de dólares.

Como dato:

2.500 millones de personas (casi todas ellas habitantes del Sur global) obtienen sus alimentos directamente del pequeño comercio local o vendedores informales que consiguen sus alimentos de campesinos.

El mercado alimentario mundial tiene como un fuerte referente a América Latina y El Caribe, siendo la región la proveedora no solo de alimentos, también de materias primas agrícolas, hasta el año 2015 la participación de la región en exportaciones agroalimentarias llego al 13,8%.

Pese a esto América Latina y El Caribe es una región urbanizada, donde más del 80% de su población vive en áreas urbanas, también goza del porcentaje más bajo de población en extrema pobreza en el mundo, sin embargo la región enfrenta serios problemas con la obesidad y salud en comparación a otras regiones en desarrollo.

Pero con el pasar de los años se redujeron las explotaciones agrarias, las principales razones de la exclusión de los pequeños productores del sistema alimentario mundial son principalmente la necesidad de créditos financieros para hacer frente a las inversiones.

Además de la dependencia de recursos cada vez más costosos, las subvenciones y ayudas políticas agrarias de los países del norte hacen que los productos sean vendidos debajo del precio de producción, y el tipo de producción altamente atada a la competitividad.

Para subsanar la diferencia económica que pueda llegar a existir la FAO propone como solución cambios en las políticas públicas alimentarias, principalmente relacionadas con la soberanía alimentaria, que mediante las redes de subsistencia campesinas es la base para lograr la seguridad alimentaria mundial.

Los derechos sobre la tierra, el acceso a dicha tierra, y el poder trabajarla libremente con las políticas adecuadas ayudaría a mejorar el empleo en el campo, cuasi triplicándolo y de esta forma reduciendo la presión que tienen los campesinos en relación a la migración rural – urbano.