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El paradigma que inspiró las constituciones de Bolivia y Ecuador ha sido distorsionado, según las disertaciones del Foro Andino Amazónico

El Vivir Bien ¿un paradigma civilizatorio no capitalista?, fue la pregunta formulada en el debate que cerró el III Foro Internacional Andino Amazónico de Desarrollo Rural en el que, además, se invitó a reflexionar sobre el espíritu del concepto y sobre su viabilidad.

Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador, inició la reflexión advirtiendo que “salir cargados de dudas es fundamental, cuando nos llevamos certezas no hemos avanzado”.

La primera pregunta que formuló es ¿Qué entendemos por Buen Vivir o Vivir Bien?  Y la respuesta, fue clara y sencilla: “El Buen Vivir es una oportunidad para pensar otro mundo a partir de otros principios civilizatorios, diferentes al pensamiento moderno que impera hasta el momento, una visión nueva que se aleja de la explotación del hombre y de la naturaleza en la lógica de la acumulación del capital, que sitúa al hombre en armonía con el propio hombre y con la naturaleza. Los principios elementales de este nuevo paradigma serían la reciprocidad en contraposición al liberalismo que no tiene ningún efecto positivo, la complementariedad en lugar de la competencia, la reproducción de la vida y no la reproducción del capital”.

Al referir los orígenes del concepto recordó que “el tronco del Buen Vivir está en el mundo andino y amazónico, aunque por supuesto hay ideas similares en todo el mundo, porque la humanidad entera ha buscado maneras de convivencia armónica con su medio. No se trata, entonces, de una creación académica y política”.

Recordó que alrededor del 2000 se dio el ambiente propicio para la emergencia de movimientos indígenas, como consecuencia de la  crisis del neoliberalismo y del Estado colonial oligárquico. “La coyuntura política dio lugar a ese momento de ruptura epistémica. Surgieron ideas alternativas en el panorama de la crisis ambiental global, en contra de las lógicas extractivistas.  Ese contexto  permitió  la participación política de nuevos actores, así, los indígenas pasaron a reconocerse como sujetos de su presente y su futuro, y ya no como instrumentos de las esferas dominantes”.

Fue una coyuntura en que parecía posible proyectar cambios estructurales y se generaron muchas expectativas en relación al proceso constituyente. “La Constitución es un proyecto político jurídico, pero además es un proyecto de vida en común, una caja de herramientas para la construcción democrática de una sociedad democrática”, puntualizó.

Según Acosta, la introducción del concepto de Sumaq Kawsay fue un gran avance, ya que en Ecuador el quechua fue lengua indígena marginada por siglos. “La Constitución ecuatoriana tiene artículos muy lindos, como los que sitúan a la naturaleza como sujeto de derechos, los que hacen referencia al agua  como derecho colectivo y prohíben su acaparamiento o aquellos que reconocen el derecho a la tierra. Sin embargo, el gobierno ecuatoriano esta desconstitucionalizando lo que se ha logrado construir desde los pueblos”.

Fue categórico al señalar que “El gobierno se ha encargado de vaciar el contenido del Buen Vivir, tratando de llenarlo con modos totalmente distintos –algo así como un “sumaw kawsay new age” –  y traicionando los principios fundamentales de la Constitución. También se está dando una burocratización del Buen Vivir, convirtiéndolo en un Ministerio, y transformando la “política económica del Buen Vivir” en keynesianismo puro y duro”.

Denunció que “en Ecuador se han abierto las puertas a la megaminería, se fomenta el agronegocio y el uso de trasngénicos, y se  convierte el Buen Vivir en un pretexto para dar lugar al extractivismo.  No se trata de socialismo del siglo XXI, como pretenden mostrarlo, sino una modernización del capital con lógicas productivistas que marginan a los productores campesinos”.

Desde la filosofía y práctica de la vida buena guaraní, el coordinador del III Foro Internacional Andino Amazónico de Desarrollo Rural, Fernando Heredia,  analizó la esencia de ese paradigma y su decurso en el Estado Plurinacional de Bolivia.

El pueblo Guaraní es uno de los pueblos indígenas reconocidos por la Constitución Política del Estado.  Su población supera las 60 mil personas, y está  estructurado en una asamblea que aglutina a 30 comunidades organizadas en 29 capitanías.  Se ha constituido en líder de la lucha de los pueblos indígenas demostrando gran capacidad para proponer cambios profundos.

Luego de destacar la importancia del pueblo guaraní en el Estado Plurinacional de Bolivia, aseguró que “a partir del 2009 se ha producido un reflujo en el proceso de acumulación del capital social del movimiento indígena, tres movilizaciones que expresan las primeras rupturas del Vivir Bien frente a las prácticas del gobierno central”.  Dijo que el  TIPNIS, otra ruptura sobre el vivir bien, puso de manifiesto la colisión de dos percepciones de cómo relacionarse con la naturaleza”.

“El peso cualitativo del Vivir Bien –Teco Kavi en guaraní– genera rupturas con las políticas públicas y praxis extractivistas del gobierno que se hacen en nombre del desarrollo. Existe ruptura con la perspectiva mercantil que guía la economía global, con la lógica individualista a costa del colectivo y la naturaleza".

La socióloga Silvia Rivera, decidió llamar a las cosas por su nombre al iniciar su ponencia que denominó “La destrucción de lo común o el mal vivir del proceso de cambio”.

Sostuvo que se haciendo “un uso retórico y ornamental de la noción del Buen Vivir, para cubrir continuidades del pasado reciente como son los modos populistas de relación con la gente a través del clientelismo”.

Aseguró que “la invasión colonial ha construido una idea absurda de las relaciones, de las palabras y las cosas, la diversidad lingüística era castigo de dios. Creer que una sola lengua es capaz de nombrar la totalidad del cosmos, la totalidad del planeta, no es correcto, se necesita de los esquimales para nombrar el hielo o de lo guaraníes para nombrar el color verde o la floresta”.

Según Rivera, las palabras muchas veces confunden “porque suelen ser transacciones de poder y cada sociedad tiene su propia relación con las palabas. En Brasil hablar de conservación preservación o Buen Vivir es poco menos impensable por la doxa desarrollista”.

Detrás de las luchas por las palabras hay algo peligroso que es la privatización del conocimiento, corrientes que se apegan a términos, términos que se vuelven marcas registradas.  El divorcio entre las palabras y las cosas es marca del sistema colonial y en sociedades habitadas por lenguas no europeas sus lógicas se adscriben a otras maneras de mirar el mundo, puntualizó.

Rivera aseguró que cuando el Buen Vivir se convierte en política pública, “sus contenidos pueden ser llenados de cualquier manera, no solo se ha vaciado la palabra sino que se ha llenado con contenidos basura como eso de hacer minería para hacer el Buen Vivir”.

Recordó que  las sociedades indígenas han transformado las catástrofes en oportunidades, las inundaciones han dado lugar a un sistema de camellones para que el agua puede reproducir la vida, la helada que podía verse como una maldición es transformada en una ventaja porque sin helada no habría chuño, esto ocurre porque se sabe entender los ciclos y se toman previsiones los años malos”.

Según Rivera, “se está haciendo rapiña sobre los bienes comunes. Y no se está cumpliendo con el principio de distribución equitativa de los beneficios y riesgos.  Tampoco se entiende que la autoridad o el liderazgo no es una función de dominación sino un espacio de realización de las decisiones comunes, que no delegan en otro sino que hacen cumplir de abajo a arriba. Y no se asume que el poder es rotatorio y alternado, que no busca la reelección perpetua.  La noción de que la sociedad está articulada  por el consenso de sus miembros y que tiene capacidad de decisión, está en grave riesgo.

Al cierre, dejó en claro que “El Vivir Bien más que un concepto político es una vivencia, va acompañado de valores, experiencias y prácticas… el gran reto es cómo comenzaos a pensar el buen vivir en las ciudades que tiene que pasar por crear o recrear lo comunitario. Las ciudades son espacios no sustentables en términos económicos y no sustentables en términos humanos”.