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Oportunidades y desafíos del mundo rural

La Ley 786, promulgada el 9 de marzo, aprueba el Plan de Desarrollo Económico y Social 2016-2020. En su artículo cuatro explicita la obligatoriedad de su ejecución y aplicación por parte de toda la institucionalidad estatal, las entidades territoriales autónomas, las universidades públicas y todas las formas de economía plural, entre otros aspectos. El Plan establece metas que se deberán lograr en los próximos cinco años, como paso intermedio a 2025 en que Bolivia cumplirá el Bicentenario de su fundación. En el presente artículo nos referimos a algunas oportunidades y desafíos para el mundo rural.

Superar la pobreza con fortalecimiento de capacidades productivas. Si bien la primera meta del Plan es la erradicación de la pobreza extrema, bajar del 17,3% al 9,5% al año 2020, el proyecto en su conjunto puede ser una oportunidad para superar la pobreza, no solamente a base de la distribución y recepción de bonos provenientes de las políticas sociales    —sin duda importantes—, sino también por el fortalecimiento de la capacidad económico productiva, en este caso de la población rural, más aún, de la población indígena originario campesina. Solo así esta población podría lograr cambios sustantivos y sostenibles no solo en la disminución de la pobreza sino en su rol económico productivo y alimentario en el país, por ahora mayormente estancado, pese a la década que ya lleva el proceso de cambio.

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La otra cara de la metropolización

Bolivia es un país en transformación profunda porque no solo dos tercios de su población ya es urbana, sino porque hoy el 46% vive en el área metropolitana (La Paz-El Alto, Cochabamba y Santa Cruz junto a los 16 municipios periurbanos que rodean estas ciudades). En este territorio se constata un notable crecimiento de los ingresos de los estratos medios urbanos que se han incluido a la vida económica nacional. El detonante de este fenómeno de cambios socioeconómicos ha sido el exitoso crecimiento pro pobre de la última década, fruto del crecimiento económico sin precedentes en la historia contemporánea.

En estas metrópolis el acceso a la educación y salud ha mejorado, ha retrocedido la pobreza y han aumentado los ingresos y el consumo de la población aunque la calidad de los servicios y del empleo sigue siendo precaria y la matriz productiva continúa afincada en la exportación de materias primas. Este proceso de urbanización metropolitana ha ocurrido de forma desordenada y sin planificación lo cual conduce a la multiplicación de demandas sociales y al aumento de la inseguridad ciudadana. Esta realidad –la Bolivia urbana y de clases medias– no tiene retorno. Debemos cuestionar nuestros enfoques previos y es hora de que la metropolización constituya una variable central (unidad de intervención) para la planificación de políticas públicas.

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Los bosques bolivianos, funciones y amenazas

El 21 de marzo se celebra el día mundial forestal, para CIPCA un motivo de reflexión sobre el estado de los bosques en Bolivia. Cuando hablamos de bosques de Bolivia, en realidad hablamos de una gran diversidad de ecosistemas, desde los bosquecillos de Polylepis del altiplano, pasando por las pampas arboleadas del chaco, hasta las densas selvas amazónicas del norte del país. En su conjunto estos bosques cubren unos 50 millones de hectáreas, casi la mitad del territorio de Bolivia. En especial en las tierras bajas, los bosques bolivianos albergan uno de los más altos niveles de biodiversidad de plantas y animales del mundo. Con el tiempo la población boliviana ha desarrollado saberes ancestrales impresionantes sobre la ecología y utilidad de esta biodiversidad, incluyendo conocimientos sobre los potenciales usos alimenticios y medicinales de los recursos naturales, sobre su uso como materiales de construcción, herramientas y utensilios y como fuente de energía.

Actualmente la producción forestal es la base de grandes economías: por ejemplo en 2014 las exportaciones de la castaña generaron $US 195 millones con que este producto no-maderable constituye el motor de la economía y principal fuente de empleo del norte amazónico. Para las familias locales, la castaña no solamente genera hasta más de la mitad de los ingresos familiares, el bosque también garantiza la seguridad alimentaria gracias a la caza y la pesca y productos como el asaí, el majo y otros frutos naturales(Vos et al.,en prenta).

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